De Guyarat para Dawson College

Se llama Parul Patel. Está en sus 30 (aunque más pegada a los 40). Es madre y esposa. Es administradora y tiene un máster en Business Administration (MBA). Es india y es hindú. Cocina como las diosas. Fuerte, perseverante, competitiva y noble. Tiene una historia que genera admiración y motivación, sobre todo, para aquellos que han dejado su tierra natal.

La cosa va más o menos así: Parul viene de una familia, como la mayoría de las familias de la India, humilde. Cuenta que cuando pequeña -como la mayoría de las familias de la India, también- no tenía ni baño en su casa. Recuerda cómo cada vez que llovía el patio de su vivienda se inundaba y cómo en las madrugadas debía ir “al baño” entre el monte, los animales, el agua y el barro. “Mi papá siempre me acompañaba”, dice con una sonrisa que no opaca lo aguado de sus ojos negros profundos. Miles de historias puede narrar de esta etapa, todas interesantes. Pero avancemos hasta su joven adultez, cuando con el apoyo de sus padres -quienes sin duda rompieron los paradigmas establecidos para la sociedad de la India en ese momento- fue a la universidad (después de haber ido a un colegio sólo para niñas).

Siempre obtuvo buenas notas ¿Pretendientes? Sólo uno, pero no hubo obligación de matrimonio. Volvió a estudiar y terminó un máster en Administración. Trabajó y llegó a ser jefa de un departamento en una empresa mediana. “¿Ahora qué?”, se preguntó. “Me voy de la India. Voy a estudiar inglés para poder hacer la entrevista en la Embajada de Canadá. Tengo familia allá y estoy calificada para emigrar. Me voy”. Y así fue. Con 26 años, aproximadamente, aplicó, estudió inglés, fue a las entrevistas, fue paciente y la respuesta fue “sí”, fue aceptada para venir como trabajador calificado. Sabía que entre su país y Canadá existen convenios que quedaron establecidos de la denominada Commonwealth of Nations(Mancomunidad de Naciones) que darían algunos puntos adicionales a su aplicación. Pero eso no quita su esfuerzo. Se tuvo que preparar duro para emigrar. No sólo académica sino emocionalmente. Como cualquiera de nosotros los latinos, se preguntaba, entre miles de cosas, cómo serían los días de invierno, pues amaba sus días de calor intenso en los que el termómetro marcaba más de 40°.

Ante la mirada de tíos, tías y de vecinos que apuntaban al horrible “no lo lograrás”, Parul dejó Guyarat y se vino a Montreal. Llegó a casa de una tía. La quiere mucho, pero también guarda de “auntie” algunos feos recuerdos (quizá no scólo por la persona, sino por la etapa que vendría en sus inicios como inmigrante). “Auntie” le dijo que tenía que salir a buscar trabajo. Que se olvidara de estudiar y de soñar con conseguir un empleo en su rama. Que era parte del sacrificio del inmigrante. Parul escuchó a su tía y a los pocos meses de haber llegado a Canadá consiguió un trabajo: se encargó, como cientos en esa fábrica -en su mayoría indios- de ensamblar la parte de metal a esas carpetas que tienen tres arandelas y que muchos utilizamos como especie de cuadernos. Tomó hasta horas extras. Trabajó y trabajó, allí y en otras empresas. Seguía viviendo con su tía, pero con el dinero que iba ahorrando (sí, podía) decidió que ya era el momento para un nuevo paso: no…no fue mudarse. Decidió casarse.

No tenía ni un “amigo” acá. Sabía que se casaría con un coterráneo. Pero ¿cómo? si sólo trabajaba, ayudaba a su tía e iba al templo. Esas eran sus actividades. “Mejor hago un anuncio de que me quiero casar para los hombres en India. Les digo que apliquen porque quien se case conmigo podrá venir como apadrinado”. Y así fue. Recibió 70 “solicitudes de matrimonio”. Todo fue calculado: viajó nuevamente hasta Guyarat y “entrevistó” a algunos de los beneficiados que llegaron hasta esta etapa. Religiosa como es y mística como los hindús, escogió al que le cayó mejor en la entrevista, al que, de acuerdo con el horóscopo hindú, tenía más similitudes con ella, y al que tenía en su nombre las mismas letras que hay en el de ella.

Luego vino el matrimonio, en India, claro está. Parul regresó a Canadá e inició todo el proceso de apadrinamiento (denominado sponsorship). Después de cuatro meses de introducidos los papeles, en una casa de Guyarat sonó un teléfono para decir que la visa estaba lista (quienes han pasado por esto saben lo que se siente en ese momento). Su esposo pudo entonces venir a Canadá. Finalmente Parul pudo dejar a su “auntie” y los recién casados se mudaron a un apartamento de una habitación, mejor conocido aquí como un 2 y ½. Él salió al mercado laboral, pero ambos se encargaron rápidamente de convertirse en padres. Llegó el bebé y el período de atención extrema. Pasó una estación y otra y otra. Viajaron a la India. Se endeudó, mucho, pero no podía estar tranquila si su familia no conocía al pequeño. Cuando regresaron el esposo debió conseguir otro trabajo. Nuevamente se dijo ¿ahora qué? Pensó que era el momento de estudiar francés. Y así fue. Otra vez Parul volvía a un aula de clases, en las que las pronunciaciones de los sonidos con “s” sin “ch” le hacían pasar malos ratos.

Estudiando comenzó a recibir la ayuda financiera de organismos provinciales estadales. Como todo inmigrante con hijos, también recibe dinero por el bebé, su manutención, el transporte y la guardería. Pero no estaba conforme. En la medida de que su francés avanzaba, sabía que llegaba el momento de buscar un trabajo. Su esposo, quien para el momento tenía tres empleos (uno en la madrugada, fijo, repartiendo La Gazette), otro como repartidor de pizzas y otro ocasional, también como repartidor, sólo podía comer bien y descansar sin correderas, los domingos. Pero Parul no quería volver a la fábrica de carpetas. Se ocupó en lugar de preocuparse. Se informó. Buscó ayuda. Preguntó por aquí y por allá. Fue a los organismos del Estado y fue a hablar con las consejeras de la escuela de la francisation. Muchos, sorprendidos por su ímpetu, sonreían cuando comentaba sus planes. Otros, incluso coterráneos, le decían -otra vez- que no lo lograría. Pero sí. No sólo logró entrar en un programa en Administración, sino que consiguió financiamiento y una manutención mayor.

Ahora Parul está en el conocido Dawson College de Montreal. Estudia nuevamente en inglés, pero el francés lo domina bastante bien. En resumen habla ya cuatro idiomas. Su máster le sirve, pero sólo como base para lo que es la administración en Canadá, pues las reglas son distintas en ambos países. La semana pasada tuvo un examen de matemáticas. Me dijo que sacó 90% (las notas aquí son sobre 100%). Está planeando unas pequeñas vacaciones de verano en Toronto. Después de dos semanas, avanzado el verano, comenzará de nuevo sus clases y en siete meses terminará el programa. Les contaré, espero, cuando encuentre trabajo y pueda mantenerse en su área: con números y cifras, pasión que compartimos y que también nos acerca pese a las vastas diferencias de nuestras realidades, al fin de cuentas, ella es la especialista.

Bonne chance, mon amie.

Datos: Guyarat es una región de la India. Tierra de Mahatma Gandhi que hace frontera con Pakistán. Se conoce que es una de las provincias más industrializadas del país asiático, con uno de los crecimientos económicos más destacados. Su población supera los 60 millones de habitantes.

Los indios representan una de las comunidades más grandes de inmigrantes en Canadá. Para el censo de 2006, era el tercer grupo con más población en el país norteamericano. Trabajos periodísticos aseguran que la comunidad crece de forma exponencial y que están cambiando ciudadades como Toronto. Aunque reconocen que aún están entre los grupos de inmigrantes que perciben menos remuneraciones salariales

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