El lenguaje universal del periodismo

A las 8:00 de la mañana del lunes pasado recibimos una convocatoria para una rueda de prensa. Como niña que va a su primer día de clases, tomé mi morral, con mi libreta y bolígrafo (soy de las que prefiere usar grabador solo en entrevistas, sobre todo, a autoridades oficiales), y salí de la casa para lo que fue mi primera experiencia periodística en tierras canadienses.

El caso: el de Paola Ortiz, joven mexicana que fue finalmente deportada el viernes y que dejó a sus dos hijos pequeños aquí en Canadá, con la esperanza de volverlos a ver una vez sea aceptada su solicitud de apadrinamiento que deberá comenzar nuevamente desde México (y que se podría prolongar por hasta dos años).

En el camino hacia el lugar de la conferencia de prensa, una corte federal con sede en Montreal, reflexionaba sobre lo ocurrido a Ortiz, me planteaba todas las preguntas que haría, repasando en mi memoria el contexto del caso, algunas fechas y la foto que había visto de la joven madre, para así identificarla rápidamente.

Pero también me preguntaba cómo sería toda la movida periodística en una ciudad con dos lenguas oficiales. Cómo sería la movida periodística en todo un nuevo ambiente ¿Darán las declaraciones en francés o en inglés? Debería haber algún vocero en español ¿no? considerando que todo el contexto del caso está marcado por el tema de inmigración, etc…

Sabía que con Paola no habría problema en conversar, pues llegó aquí con 27 años y su español estaba intacto, pero…y los otros periodistas. ¿Serán amables? ¿Tendrán paciencia con mi franglés (el francés y el inglés mezclados que muchas veces utilizo cuando no encuentro palabras en alguno de los dos idiomas y el subconsciente lanza el mensaje “no hablar español”). Debo confesar que tuve un poco de nervios.

Sin embargo, la emoción de estar nuevamente de frente a la fuente, de ver a los entrevistados, del off the record, del color y el olor de los lugares, del ambiente, de los datos, de las mil y un preguntas que me imaginaba en un corto camino de 15 minutos, opacaron las ideas nerviosas y llegué al sitio con la impresión de que conocía todo lo que pasaba alrededor.

Primeros dos minutos frente a la corte federal: pararme en la esquina; ubicar a Paola; ver dónde estaban los otros periodistas; ver si estaban su abogado y sus hijos en el lugar; tener ya a la mano libreta y bolígrafo y en este caso un iPad que no sirvió de mucho, al menos en esta rueda de prensa.

Los siguientes minutos fueron rutina: saludar a algunos colegas e ir directo a la fuente; hacer la entrevista (en este caso a Paola y netamente en español); pedir permiso por aquí y por acá, no tapar al camarógrafo, preguntar qué fue lo que dijo otro vocero porque pasó el camión de la basura y no escuché bien; estar pendiente de lo que ocurre alrededor para dar contexto a la información; repreguntar.

Y vino el vocero en francés y la rutina fue exactamente la misma. Y luego en inglés y veía que los demás periodistas hacían exactamente lo mismo. Fue un momento agradable cuando pensé: el periodismo tiene un lenguaje universal que no puede ser bloqueado, ni siquiera, por las dificultades que pueden darse al no dominar 100% las otras dos lenguas en las que te desenvuelves. Podría parecer paradójico, considerando que el periodismo es comunicación, pero el lenguaje corporal, la expresión y el cómo hacerlo, va más allá de la barrera del idioma.

Con los entrevistados en francés, pues bueno, fue el momento clásico de disculparme por mi mauvais français, pero en cuestión de segundos, las preguntas fluyeron y las respuestas se convirtieron en información en tan solo una hora.

Antes de partir del lugar: pedir los teléfonos de las personas involucradas en el caso, conversar off the record para tener otra visión menos “formal” y comenzar a caminar mientras piensas las ideas que se convierten en párrafos antes de llegar a la redacción.

Lo único que me pregunto todavía, más allá del destino de la joven mexicana y de su futuro en su país natal, es qué habrá pensado la periodista de La Presse que, en medio de un ruido insoportable que venía no sé de dónde, no logró escuchar bien y me vio como su salvación de notas. Concentrada como estaba y metida en el tema , solo opté por mostrarle mi libreta en donde todos, absolutamente todos los apuntes, estaban en español. Ojalá haya entendido algo.

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